jueves, 2 de septiembre de 2010

MANZANA VERDE A CONCIENCIA.

Me encanta esta foto. Es el punte de Harbour de Sydney desde la ventana de la estación de tren de Circular Quay. Poca gente ve este paisaje. Porque los fotógrafos que quieren mostrar lo bonito que es la ciudad, no andan en tren. Y la gente de la ciudad que va en tren, no andan viendo el punte.

A mi también me pasa. A veces cuando camino me da la sensación de tener una pantalla mental. No veo realmente lo que ven mis ojos. Veo mis ambiciones, veo lo que voy a comer dentro de un rato, veo cosas que quiero, veo el recuerdo de algo que viví, si extraño a mi madre la veo a ella, veo un poema, veo una canción, veo inventos propios, cosas que imagino y luego cuando quiero recordar el camino no puedo, porque yo en realidad estaba viendo otra cosa.

Es peligroso caminar así. Es más fácil perderse y más difícil encontrarse.

Me pregunto cuánta gente habrá visto este paisaje tan hermoso del puente de Harbour desde la estación de Tren de Circular Quay.

Dicen que si uno hace las tareas cotidianas pensando en ellas y no en otra cosa, al cabo de un rato, tienes la sensación de que la mente se aclara e incluso te suben los niveles de endorfinas y te aumenta el humor. Es difícil, no creas que es fácil. Pero si lo pruebas un rato lo verás.

No hay nada nuevo en el pasado, porque lógicamente ya pasó. No hay nada nuevo en el futuro porque es imposible, aún no llegó.

Lo nuevo sucede paso a paso y está en ese camino que nunca ves.

MANZANA VERDE A CONCIENCIA.

Después de este lujoso paseo llegué a casa y como no tenía mucha hambre, solamente me comí una manzana. Eso si. No fue cualquier manzana. Fue la primer manzana a conciencia que me comí en mi vida. Solo pensé en ella a cada bocado. Enterraba mis dientes fuertes, atravesaba la cáscara, me hundía en la pulpa, el jugo chorreaba por mi mano y por mi mentón. No me limpiaba, no la estaba comiendo, la estaba viviendo. La comí vorazmente. Estaba muy rica. El sonido salvaje de las mordidas me hacían sentir como un caníbal. Un bocado atrás del otro hasta llegar al corazón. Y es cierto eso que dicen, fui conciente, no pensé en más nada y me aumentó notablemente el buen humor.