lunes, 31 de mayo de 2010

TUS ARMAS OCULTAS CON ALCACHOFAS.


Existen armas infinitamente poderosas a nuestro alcance, pero cuya naturaleza es sutil y no pesada como el hierro. Los gatillos de esas armas solamente pueden ser activados por nobles sentimientos. Menos mal. Por eso nos cuesta tanto llegar a ellas. Porque los sentimientos humanos son avaros, mezquinos, egoístas. Por eso cuanto más queramos avanzar en el sentido en que lo hacemos actualmente, los avances son meramente enredos inútiles, caminos circulares que no conducen a ninguna parte. El camino que hace avanzar realmente es el que se emprende en una sola dirección. Y ese camino es diametralmente opuesto a todo lo que hemos experimentado hasta ahora.

Buscamos respuestas en las masas, cuando las tenemos dentro. Buscamos guías sabios que nos den respuestas, cuando están en nosotros. Buscamos crear con la fuerza del odio y la ira, cuando solo nos confunden y destruyen. Buscamos guías, no hay guías. Buscamos objetivos por los que vivir, somos el objetivo.

No hay más entrenamiento que el luchar contra nuestra propia naturaleza. Así se llega a ser un verdadero guerrero. Una batalla realmente difícil. Una batalla en la que no habrá perdedores y sólo un ganador.


Te preguntarás ¿qué tiene que ver esto con la comida? Es que mientras pensaba en esto estaba haciendo alcachofas al horno. Le quitas las hojitas de afuera. Le cortas el rabo. Las colocas boca abajo (tu mano en la parte de abajo y con las hojitas contra una tabla la apretas con todo tu peso. Esto hará que se abran (si no, no son alcachofas, es el salero, suéltalo y coge las alcachofas). Cuando se abran le pones bastante sal, aceite de oliva, pimienta negra y al horno hasta que las pinches y estén tiernitas (demoran, así que hasta los 45 minutos no te pongas nervioso). Es una comida divertida porque le vas comiendo hoja por hoja con las manos, la chupas, te quedas en la mano con la parte dura, vas llegando al centro y cuando llegas a su corazón, tierno y profundo... zas! te lo comes.

En ese contexto de canivalismo vegetariano fue que comencé a pensar en sabios y guerras, en guías y respuestas. Y bueno, hay quienes se les da por mirar la tele, esos sí que están locos.