domingo, 16 de mayo de 2010

CALÇOTS (molt catalans)

¿Has oído hablar de los calçots? Parece ser que la palabra Calçot viene del catalán y se refiere a una forma de cultivar una cebolla (cerca de la costa catalana). A la cebolla inicial se la entierra muy apretada para que no pueda crecer para ningún lado salvo para arriba. Así se logra un tallo blanco y tierno de unos 25 cm de largo y 5 cm de espesor.
La época de comer buenos calçots es a final del invierno y principios de la primavera. Por si a alguien le interesa.


Pero mas allá de los “tecnicismos” y “datos históricos” con los que poco podemos hacer, una vez que tienes los calçots delante y te preguntas qué hacer con ellos, hete aquí la respuesta:
Los calçots se hacen sobre llama viva, pero como yo no tengo los hago sobre una plancha eléctrica. Cero folclore, pero hay que apañarse con lo que se tiene.
Si vives en un país donde no hay calçots, no lo intentes. Los calçots se hacen en catalunya (como mucho se pueden extender al resto de España) o no se hacen (por el momento).
Para comer calçots adoptarás una actitud única “erótico – palética”: Se abre la boca, se coge el calçots por el tallo (todo esto con la boca medio abierta). Se aprieta con los dedos el extremo inferior de la cebolleta hasta que todas las hojas quemadas por el carbón (o la plancha) se deslicen hacia abajo y quede desnudo el calçot tierno y blanco, se sumerge en salsa Rumesco (No pongo la receta porque la inventaría, no la he hecho, búscala en Internet que me han dicho que allí se encuentra de todo), se sumerge la punta del calçot en la salsa, se inclina la cabeza hacia el cielo como esperando una lluvia divina que todo lo cura (cabeza que aún sigue con la boca abierta), se lleva el calçots chorreando salsa hacia la boca mirando el cielo y se introduce en el acto más erótico que haya podido tener la cocina en toda la historia.
El cuadro terminaría chupando el calçots o algo así, pero no, el calçot se muerde y devora hasta quedarte con los dedos todos pringados del negro de la brasa, con la ropa toda llena de salsa y la cara toda sucia.


El calçot forma la base de las populares calçotades, que se han convertido en una fiesta en la que se consumen asados preferiblemente con ramas de avellano y tienen que hacerse sobre la llama viva, no hay que esperar a que se haga brasa que es como se asaría la carne. Una vez hechos cuando las capas exteriores están negras, entreabiertas y echan una especie de espumita, se envuelven en grupos de 25 aproximadamente en varias hojas de papel de periódico y se dejan como mínimo una media hora para que acaben de cocerse con su propio calor. Se comen pelando las capas exteriores y untando el calçot acompañados de una salsa denominada salvitxada o también con salsa de romesco.

Una vez consumidos los calçots y tras lavarse las manos ( quedan completamente negras), se come carne y butifarras asadas sobre las brasas que quedan después de hacer los calçots, todo ello regado con vino o con cava.

Dicen que entre las propiedades nutritivas de los calçots hay una gran cantidad de vitaminas y minerales, además de atribuírsele propiedades diuréticas, tonificantes, digestivas y afrodisíacas. Ya para rematar también se dice que se ha comprobado que contienen agentes anticancerígenos.

En fin, están tan ricos que ya pueden aprender a hablar.

1 comentario:

Ana Blanca López dijo...

Ahora es la temporada y están buenísimos, aunque la salsa colabora a ello.
Blanca de JUEGO DE SABORES