sábado, 19 de junio de 2010

ANCHOAS, AGUACATES Y REENCUENTROS.

Uruguay es un país donde te reencuentras contigo mismo.
Porque hay tan poca gente, paisajes tan lindos, cualquiera es tan simple y entrañable, todos hablan poco y te dejan pensar.


Por eso en Uruguay te reencuentras contigo mismo.
Uruguay es parte de tí, seas quien seas.

Después de este arranque patriótico voy a hacer una comida ligerita como para dejar lugar a los sentimientos (¿No te pasa que cuando comes mucho te quedas como insensible? Ah... no?... es que yo cuando como mucho no me cabe ni la duda)

ENSALADA DE AGUACATE CON ANCHOAS (lo pongo en mayúsculas para que parezca más importante, porque es tan sencillo que apenas se le puede llamar receta, pero es muy vistoso y el sabor es muy original)

Cortas dos o tres aguacates en tiras gruesas. Lo colocas en la fuente más curiosa que tengas (para que luzca). Luego le pones entreverado rodajitas muy finas de pepino. Unas gotitas de limón (si tienes tiempo y ganas preocúpate por que cada gota toque todas las rodajas de aguacate). Aceite de oliva (el más intenso que tengas). Sal (poquita que las alcachofas ya son saladas). Por arriba le pones filetes de anchoas y listo.

Luce más o menos así. Sobre todo si al lado tiene una tortilla de patatas sin huevo. Para lo cual, paso a describir la receta.
















TORTILLA DE PATATAS SIN HUEVO (toda una revelación)

Cortas patatas con el pela patatas. Es decir, pelas la patata con el pela patatas y luego sigues pelando y pelando como un obseso hasta quedarte con un montón de rodajitas extra finas de patatas (la cáscara tírala).
En una sartén de teflón coloca aceite de oliva y caliéntalo. Cuando esté listo ve colocando una plancha de lonchitas de patata. Cuando hayas cubierto el fondo sálala y ponle pimienta. Luego otra capa de patatas extra finas, sal, pimienta y así hasta terminar. El almidón de las patatas será el que adhiera toda la tortilla.















Voilà! Queda así.
Bueno, queda así si al lado tiene un omelet de champiñones, para lo cual...







OMELET DE CHAMPIÑONES.


Cortas un montón de champiñones en láminas. Los colocas en un recipiente con 4 huevos, sal, orégano, y un diente de ajo picado muy fino. Calientas una sartén de teflón con aceite de oliva, cuando esté caliente colocas el preparado y no lo das vuelta como un omelet sino que lo fríes de un lado y luego del otro. Esto no tiene ninguna razón científica más que la de crearle a los comensales una disonancia cognitiva (¿¿¿será esto un omelet o una tortilla????) En el caso de que no tengan ninguna disonancia congnitiva contra la que luchar.

Y tu ahí, tan ancha. Con tu mesa preparada en menos de un segundo. Con tu cara de superioridad “simplística” mirándolos a todos como diciendo: “¿Qué? Sólo son tres tonterías que preparé mientras ustedes discutían acerca de qué comer.