miércoles, 1 de septiembre de 2010

POLLO AL CURRY VERDE (Have a lovely day)

La semana pasada llegué de vacaciones. Todo un año esperando un preciado mes que se prolongaría por toda la eternidad, para que insólitamente se termine en cuatro semanas.

Esta vez, además, como estaba tan convencida de que sería un mes eterno, me he ido lo más lejos que he podido. Total, no tendría que volver nunca más.

Australia. Si me iba más lejos me caía del plato y me comían las tortugas.

Sydney es una ciudad maravillosa, te da la sensación de haber cruzado a otra dimensión. En ese planeta llamado Australia, muy lejos de la realidad del planeta tierra, no existe el hambre, la pobreza, los papeles por el suelo, no existe el malhumor, las pesadillas, lo imposible es posible, las cuentas se pagan fácilmente, los salarios son muy altos, los artistas cotizados, lo rompedor es bien recibido, el ejercicio no es un sacrificio, los osos, que llaman koalas, no dan miedo como el resto de osos del mundo, sino que te abrazan como verdaderos ositos cariñosos, los proyectos por lo general funcionan, todos los problemas tienen solución y si no la tienen, hay un contenedor exclusivo donde los depositas, los reciclan y los transforman en hermosas oportunidades ecológicas.

Es decir, vives en un planeta que por lo general no existe.

Si hay en Australia una realidad que no es bonita, no se ve. Y esto, en vacaciones, luego de todo un año de concreto, polución, estrés, cuentas, problemas y superpoblación, sienta fenomenal.



El optimismo de los australianos es avasallante y contagioso. Por eso saltan así los canguros. En un mes no se si aprendes inglés, pero sales con una sonrisa clavada en los labios como si te hubieses comido un tubo de Loctite y justo antes de endurecer, te hubiera dado una carcajada. Te vas de Australia pidiendo permiso, perdón y deseándole el mejor de los días a todo el que se te cruza y de manera sistemática, como si te pagaran por ello.

“Have a lovely day” te dicen los Australianos cuando te despiden. No les basta con tener un día bonito, o agradable, tiene que ser “adorable”.

Claro que cuando regresas al planeta tierra debes readaptarte a la realidad rápido o te pasearás por la ciudad con tu cara de extraterrestre dopado y eso a los terrícolas no les gusta.

Cuando llegué, mis compañeros de trabajo pensaron que me había puesto botox en el entrecejo. Por suerte con los días se me volvió a fruncir y eso pareció causarles un gran alivio. Menos mal que no entré a la oficina saltando como un canguro y deseándoles una hermosa mañana o ahora estaría engrosando las listas de parados de la ciudad de Barcelona.

Las vacaciones se sienten como una realidad virtual que juegas por unos días. Es como vivir la vida de otro desde tu propio cuerpo. Te comportas como por lo general no te comportas, ves lo que por lo general no ves, hablas de lo que nunca hablas y comes lo que por lo general no comes, como por ejemplo…

POLLO AL CURRY VERDE (Thank you Jane!)

La comida típica Australiana es de Tailandia, Vietnam, Japón, China, Italia, Inglaterra, Grecia y de todas las culturas que han formado su multicultural población.

Esta es tailandesa: picante y muy sabrosa, casi de vicio.

Lo ideal es prepararlo en un wok.
Sobre la base de unas gotas de aceite de oliva, rehogas una cebolla unos dos minutos.

Agregas dos zanahorias cortadas despreocupadamente, sin ton ni son. En tiras distendidas, como si no te preocupara la forma, como negándote a introducir la geometría en tu cocina.
Todos los vegetales deben quedar crujientes. Así que nada debe cocinarse demasiado tiempo. A esto le agregas el pollo cortado en cubos y vuelves a revolver unos dos minutos, luego agregas crema de coco como para que cubra todos los ingredientes. Y unas dos cucharadas soperas de curry verde.

Dejas unos cinco minutos a que todo se cocine a fuego lento y le agregas algunos brotes de brócoli. Lo mueves todo lentamente de tanto en tanto. Llenas tu casa de aromas exóticos. Prendes algunas velas y vuelves a la cocina para rociar el wok con abundante cilantro (unas cuatro cucharadas soperas de cilantro picado).

Luego cocinas el arroz. Simplemente arroz blanco.
En el plato servirás un volcán de arroz y en el Centro colocarás los ingredientes crujientes del Pollo al Curry Verde. Luego agrega parte del jugo sobre el arroz.

Ponte una música étnica para ambientar y sobre el plato, una ramita de menta para adornar.

Cierra los ojos y los sabores te transportarán a Tailandia. Aunque cuando los abras tal vez estés en Australia. Un maravilloso mundo a parte, que curiosamente es parte del mundo.

Have a lovely day.