sábado, 27 de noviembre de 2010

LUBINA AL HORNO CON PATATAS (para el intenso e irrepetible día de hoy).

Tenemos los días contados.
Una rigurosa circunstancia, que a la vez le da a la existencia, un sarcástico toque de comicidad.
Tanto protocolo, tanta investigación y desarrollo, tanta tecnología, tanta planificación, tanto traje, tanto maquillaje, tanta preocupación, tanta dieta, tanta hipoteca, tanto sufrimiento, para que un día nos digan “Te vas a morir” y todavía tengamos el cinismo de quedarnos congelados, de sentir que el mundo se detiene, que todo se viene abajo, de sentir en lo más profundo de nuestra alma que nunca, nunca! nos hubiésemos esperado una injusticia así.
Pero si esa “injusticia” nos viene esperando desde que nacimos. ¿Qué es lo que esperábamos?

Creemos todos los días de nuestra vida que somos eternos y lo creemos todos, hasta morir.
Tal vez sea por eso que este gran cuerpo que formamos, que llamamos “humanidad”, sigue viviendo. Porque nosotros, sus células, vivimos nuestra corta existencia con el fuerte convencimiento de ser inmortales.
Porque ¿Seríamos capaces de vivir sabiendo que somos una parte insignificante de un inmenso todo? ¿Seríamos capaces de sentirnos orgullosos de ser un eslabón, fundamental sí, pero intrascendente a la vez?
Y a su vez ¿No seríamos más felices si reconociéramos que es así? Si en vez de vivir persiguiendo una zanahoria con forma de coche de lujo, de casa enorme llena de niños perfectos, de perros color crema, de yates espectaculares, una zanahoria con forma de fama, de millones que nunca tendremos, de ostentación, de popularidad exacerbada, de gloria, de éxito, si en vez de vivir persiguiendo la salud eterna, la felicidad eterna, el amor eterno, la paz eterna, simplemente nos reconociéramos como una simple y humilde pieza, de un enorme rompecabezas, que es tan grande que ni siquiera podemos ver?

Entonces tal vez y sólo tal vez, viviríamos sin pretensiones, ni soberbia, ni ínfulas, ni vanidad, ni orgullo y no buscaríamos “vivir felices para siempre”, pero sí cada minuto y segundo del intenso e irrepetible día de cada día, de esta pequeña vida que nos ha tocado vivir.
Y tal vez y sólo tal vez, seríamos felices, no eternamente, pero sí hasta morir.

Buscando regocijarme en cada minuto de mi inmensa y corta existencia, he hecho un pescado para chuparse los dedos. Ya verás.

LUBINA AL HORNO CON PATATAS (para el intenso e irrepetible día de hoy).

En una fuente de horno colocas un buen chorro de aceite de oliva y cubres el fondo de la asadera y los laterales con rodajas de patata y algo de arte. Luego agregas una capa de calabacines cortados longitudinalmente. Sal y pimienta negra y algunos aros de pimiento (morrón) rojo.

Lo llevas al horno hasta que las patatas estén al punto (unos 30 minutos).

Aparte preparas una salsa con 5 dientes de ajo muy picado, una rama de romero, un chorro de aceite y el zumo de medio limón. Haces una salsita en el mortero (o procesador, según las ganas que tengas de interactuar con los elementos) y colocas esta salsa sobre las patatas. Luego colocas la lubina (merluza, cazón o el pescado blanco que más te apetezca) sobre las patatas con sal, pimienta y un chorro de limón. Lo llevas nuevamente al horno.



Para acompañar he hecho una salsa que he heredado de mi madre (madre de abuela, abuela de bisabuela etc. etc.).



Es muy sencilla y definitivamente original y deliciosa: Mezclas en un recipiente: tres huevos duros muy picados. 3 cucharadas de perejil fresco muy picado, de 10 a 15 (depende del tamaño) olivas verdes muy picadas. Sal, aceite como para que cubra todos los ingredientes y un buen chorro de limón. Mézclalo todo y vete agregando un poco más de cualquiera de los ingredientes hasta que quede a tu gusto.

















 Disfrútalo mucho, al fin de cuentas este será uno de esos intensos e irrepetibles días de tu vida, una vida que no vivirás eternamente, pero sí atentamente, hasta el final.