Cuando los vi me parecieron pocos.
Luego los tuve que desbrozar y abonar y me parecieron muchos.
Cuando planté las primeras semillas me volvieron a parecer
pocos.
Ahora que recojo las primeras cosechas me siento una
terrateniente.
Siempre, unos minutos antes de irme, miro mis extensiones de
48 metros cuadrados (yo estoy
parada en los otros dos) y con mirada honda e imperturbable…
pienso en mis cosechas, calculo las producciones e imagino lo orgullosos que se
sentirían mis padres si pudiesen ver lo lejos que ha llegado su niña... (quise cerciorarme así que me comuniqué con
ellos por skype y les mostré los cuatro calabacines, cinco rabanitos, dos
lechugas y un plato lleno de hojas de acelga que recogí y efectivamente, se
veían bastante conmovidos).
La sensación de recoger y cocinar tus propios alimentos es
maravillosa.
Quita del medio al intermediario: tu jefe.
Quita del medio al intermediario: tu jefe.
En vez de: Trabajo – Salario – Alimento.
La transacción pasa a ser: Trabajo – Alimento.
¿Excel? ¿Para calcular qué? ¿Las ganas de comer zanahorias
que tengo hoy?
¿Una reunión? ¿Para debatir qué? ¿Dónde planto el perejil?
¿Televisión? ¿Para desconectar de qué? ¿De la tierra?
Si tienes posibilidad de cultivar tus alimentos en un
huerto, en una terraza, un balcón o cualquier sitio de tu casa donde puedas
poner apenas una maceta... hazlo.
Eliminemos a los “intermediarios”.
CREMA DE CALABACINES
Para esta crema he utilizado un calabacín de la huerta. Era
tan sabroso que casi no necesité condimentos.
Herví un calabacín en agua y sal, lo batí con
queso crema y un poco de pimienta y lo
serví con nueces y una ramita de perejil para darle un toque de color.
Me lo comí siendo libre.
Que aproveche.