Podría decir que este pastel lo inventé yo, pero no lo diré. Pecaría de ególatra, porque es tan vistoso y exquisito que me da vergüenza adjudicarme la autoría.
Ahora podrías pensar que soy una arrogante vanidosa pero no lo hagas, primero cocina este pastel, pruébalo y luego, cuando estés titiritando de goce con la mente confundida en posición fetal, ya no te quedarán ganas de juzgarme.
Podrías avisar a los comensales acerca de los efectos secundarios de esta maravilla, pero déjalos que vivan su experiencia. Tú, como un sabio chamán que ya ha vivido suficiente, condúcelos en su delirio a terrenos trascendentales y protégeles de los monstruos que habitan en sus mentes.
Tu asiente con actitud humilde y caritativa, los maestros nunca deben hacer ver a sus discípulos su superioridad.
Ahora podrías pensar que me he vuelto loca. No digas nada y ponte a cocinar.
Pon a cocinar un calabacín (zucchini) cortado en dados y seis zanahorias cortadas en rodajas en una vasija con agua hirviendo, sal y medio cubito de caldo de verdura.
Cuando estén tiernos retíralos del fuego.
Por otro lado sofríe dos cebollas y cinco dientes de ajo en aceite de oliva, cuando esté chafado lícualo todo: cebolla, ajo, calabacín, zanahorias y un chorro de aceite de oliva intenso. Si lo necesitas agrega lo mínimo de agua como para que funcione la licuadora. No lo deshagas del todo, que quede como una crema consistente. Colócalo en una sartén a fuego muy lento para que se evapore el agua lo más posible.
Cuando esté listo agrega cuatro tomates pelados y cortados, sofríelo un rato más.
Lícualo todo con otro chorro de aceite de oliva igual que la mezcla anterior y también colócalo en una sartén para que se evapore el agua lo más posible.
Ahora corta un morrón verde, sofríelo bastante.
Cuando la consistencia de las tres mezclas sea la deseada (como una crema) agrega a cada una dos huevos batidos.
Mezcla las tres hasta lograr tres cremas uniformes. Si necesitas más manos, desdóblate, estarás más cómodo.
A la primera (calabacín y zanahoria) condiméntala con pimienta negra y sal a gusto.
A la segunda (morrón rojo y tomate) condiméntala con un poquito de pimentón, sal a gusto y una cucharadita de polvo de ajo.
A la tercera (morrón verde y guisantes) condiméntala con perejil picado muy chiquito, sal a gusto y pimienta blanca.
Bebe otro poco de vino y corrobora que nadie esté mirando. O al revés.
No está demás que antes de servirlo te proveas de una antorcha encendida, en el caso de que la “fiesta” se descontrole, te ayudará para apartar a las bestias del resto del pastel.
Ya te he contado antes como acabará la noche.
Que Dios los pille confesados.
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