Es entonces cuando comienza un proceso de mutilación nerviosa que si no estás acostumbrado a verlo, más vale que te vayas de la cocina. Cogió el pulpo por la cabeza enterrándole un tenedor sin sentir la más mínima culpa (me parece a mi o los pulpos tienen pinta de extraterrestres?) y con una tijera comenzó a cortar los tentáculos desde la punta al cuerpo del pulpo: tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac.
Dicho así suena espantoso, verlo es aún peor.
Luego se pone sobre una base de patatas con pimentón (mitad dulce, mitad picante), sal gorda (o gruesa) y bastante aceite de oliva.
Está riquísimo, al menos lo suficiente para olvidarte que te estás comiendo una especie de alienígena marino que fue asustado en agua hirviendo y mutilado por un gallego medio sádico.
El delicioso plato lo acompañamos con mejillones. En una olla grande pones un buen chorro de aceite de oliva. Cuando esté caliente vuelcas los mejillones (yo les corto uno a uno las barbas, no me gusta comerlo con bigotes). Luego le agregas bastante ajo y perejil picado y un vaso de vino blanco. Tapas la olla y al cabo de 5 minutos tienes un plato delicioso.
¿Sabías que los mejillones están vivos cuando se meten en el agua? Si estuviesen muertos se abren, cuando están vivos están cerrados. Para cocinar productos del mar se requiere de cierto toque de sadismo del que carezco. Pero reconozco que están riquísimos.
1 comentario:
¡Yo también se hacer el pulpo! Comenté mientras me tiraba al suelo y comenzaba a reptar con mis 8 patas.
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